Funk caliente

“Los mariachis no vinieron / Hay enanos con látigos / Y te la dan en el bulto / Rompieron la pecera de las culebras / En la heladera hay una cabeza / Tiran petardos al techo/ Me voy de esta fiesta / Con los bolsillos llenos de almendras.” Entre el espanto y la comedia, describiendo lo grotescos y delirantes que podemos resultar los humanos a la hora de divertirnos, Inclan da la clave que define a todo juerguista de estirpe: saber irse de una fiesta en el momento indicado.

Volvieron hace unos meses de su tercera gira por México, donde su último disco (Pantano picante, de 2011) fue publicado por el sello Tolerancia: “Estuvimos por toda la zona caliente narco, la indicación que nos dieron en el DF fue que no mirásemos a nadie a la cara, pero en general siempre hubo muy buena onda: te das cuenta al toque cuando ves a los tipos con sombreros texanos llegando en un Lamborghini”, dice Erico Schick. A su lado, Diego Bergesio, su amigo y guitarrista de Inclán, asiente y ¿define?: “No somos un grupo de funk puro: hay toques de drum & bass, de hip hop y también de cumbias que se nos pegaron en los viajes. Y la electrónica es un integrante más”. Inclan se completa con el virtuoso baterista Manu Fernández Gache.

Aunque sepan que van a volver a México “sea como sea”, siguen instalados en el país, tocando covers de música negra en el Hotel Faena para mantenerse aceitados y preparando junto a sus amigos un material aún más picante que el anterior, en estrecha colaboración con Jorge Muñoz (en las letras) y con la colaboración de Mariano Sigal (chequear el exuberante video que acaban de estrenar para el tema Carne chocolate).

Por su humor y su destreza musical, estos soldados del funk (que desde 2008 ya hicieron más de ocho ediciones de su festival Sumar) son una excelente banda para disfrutar en vivo. Y sus nuevos temas, como Carne chocolate, con su cita a George Clinton, los muestran como una banda de sonido cosmopolita, canchera y a la vez crítica: “Hoy es el día de la No Inteligencia”, cantan en otro de sus nuevos temas.

Casi diez años y cientos de fiestas pasaron desde que se empezaron a juntar a zapar y experimentar en la calle Inclan, en un depósito abandonado en el fondo de una casa familiar: “Después me compré una placa para grabarnos y de a poco eso se convirtió en mi laburo”, dice Erico desde El Establo, el estudio-bunker de la banda en Parque Chacabuco, todavía cerca de la calle Inclan. “Por acá hicimos muchas grabaciones de hip hop: pasaron Mambito y Princesa, a la que le produje el disco”, dice Schick, y recuerda la vez que llamó por teléfono a Maceo Parker al hotel cuando vino a tocar por primera vez al país: en esa ocasión, al igual que cuando fueron a saludar a George Clinton antes de una entrevista radial, los Inclan (que antes se llamaban Inclan Funk) le preguntaron al gran Maceo qué era realmente el funk, ese ritmo que aún los enloquece y les permite enloquecer a los demás: “El funk está por todas partes. El funk es tocar como podés, bailar como podés, hacerlo como podés”, les dijo el oráculo funkadélico. “Haremos lo que queremos o enloqueceremos”, dicen ahora los Inclan, con la lección bien aprendida y sabiendo que su nombre ya es sinónimo de la música que más aman.